
Y claro que estoy bien grandecito para saber que nadie se va a dar el trabajo de matar mis demonios como insinúa la frase, porque como me he dado cuenta últimamente (ha sido toda una revelación en estas últimas semanas) los demás tienen tales demonios que a su lado los míos parecen un juego de niños. Por lo tanto, por falta de buenos amigos o avaros psicoanalistas o simplemente valientes asesinos de demonios ajenos, he decidido que si alguien los tiene que matar, los mato yo y a cuchilladas. Pero imagino que una vez en la montaña rusa del homicidio con arma punzocortante de demonios uno no puede parar y arrasa también con sus ángeles. Intuyo que es imparable e implacable esta locomotora asesina y por eso lo pienso dos veces antes de levantar el pie para subirme al tren. Lo pienso dos veces porque creo que los demonios no solo alimentan la creación sino que sin ellos estaríamos perdidos. No es un secreto que los aburridos ángeles solo están ahí para mantener el equilibrio más no para aportar creatividad a nuestra conciencia. Para mí está claro que los demonios que me habitan son la máquina que me anima a levantarme todos los días y continuar con esta infamia diaria que es vivir pero por consiguiente soy consciente que mis ángeles son los que los mantienen en línea, son estos gordos alados los que aguantan a mis famélicos diablos para que no me convenzan de tirarme por la ventana. Y entonces si al final decido autoexorcisarme de demonios y ángeles, y cambio la buena vida del camino de la oscuridad por la iluminada jornada de abandonar vicios, pedagógicos excesos y privarme de la sublime envidia entonces perderé, en el camino, los buenos modales angelicales porque no habrá en la esquina de las sombras ningún contendor de peso para mis intrépidos y pugilistas ángeles.
Pero como los años pasan y los demonios se debilitan, y sus enemigos se vuelven cada vez más rechonchos alimentados por cargos de conciencia cada vez más pesados, su final es inevitable. No puedo entonces defender lo indefendible, pero eso sí, trataré hasta donde aguante de serles fiel y escuchar sus malos consejos e inmundos pensamientos. Porque simplemente es más divertido que no quiere decir más fácil. Los defenderé en contra de mis ángeles y seré su aliado para luchar contra el bien, contra la paz mental y contra el estúpido concepto de la felicidad.
Y como todas las historias acaban donde empiezan hay que decir que la tapa que se atracó en el esófago de Tennesse Williams no era precisamente de Aspirinas.
2 comentarios:
Órale Diablo!!
Y en que estás pensando que te llevaba a matar demonios hijoesu!! Igual y con ver de que están hechos es suficiente ¿no?
Que has escuchado de esta teoría: Cada 7 años los demonios cambian de gobierno y hay luchas de poder… hay ajustes pero de cualquier manera no se van, solo se convierten en viejos conocidos.
¿y si me estoy equivocando?
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