19 jun 2008

Entre signos de Interrogación


Te has preguntado si eres tú la que no tiene cara, la que aguarda, la que no encuentra. Te has preguntado si eres tú la que no escucha, la dueña de la comisura que me envuelve. Te has preguntado quién es ese que piensa en ti cada noche. Te has preguntado si pienso en ti. Te has preguntado si eres tú la ladrona de estas líneas. Te has preguntado si vale la pena preguntarle a la que te mira del otro lado del espejo, quién soy yo. Te preguntas a menudo porqué no me enciendes el pucho mientras descansas sobre mi pecho, te has preguntado porque, aunque nunca estoy , siempre te miro vestirte. Te has preguntado porque caminas mirando al cielo si yo te observo desde abajo, siguiéndote el paso. Te has acurrucado en la cama preguntándote porqué te hacen falta mis manos, te has preguntado porque tus piernas me extrañan o porque los huesos de tus caderas ahora se esconden y tu espalda ya no hace curvas. Te has preguntado si tengo ganas de reventarte la puerta en la madrugada, te has preguntado si me dejarías la luz encendida y la ventana abierta. Te has preguntado acaso por mí, lo has hecho. Yo no me pregunto más por ti porque si existieras serías una maldita pregunta.

7 jun 2008

DOLORES DE RODILLA

Simpatizar con la secretaria del traumatólogo, después de haberla puteado, era una utopía. Como lo era, a esas alturas, el dolor de rodilla que atormentaba mi sistema nervioso. Podría jurar que gracias a la ínfima fisura del menisco me dolía hasta la base de la nuca. Váyase usted a la mierda y a la puta madre que la parió y levante el puto teléfono y dígale al conchesumare del doctor que no es necesario que examine mi articulación. Lo único que es necesario es que me recete una maldita pastilla que derrote al hirviente dolor. Mi cara de desquiciado logró, en un segundo, que la guapetona secretaria levantara el auricular, aniquilando además las ganas, de hacer algo por defenderla, de otro paciente que pacientemente esperaba su turno. El seudo héroe, que además había llegado antes que yo, lucía un autografiado brazo de yeso, un collarín y unas muletas que sostenían su humanidad. La razón, su pierna derecha, también enfundada en una pierna de yeso y morada por el apretón, sufría de una lesión ocasionada por el mismo accidente que le torció el cuello y le partió el brazo en dos. Al costado del valiente muletero mi dolor de rodilla parecía un rasguño superficial, casi una mentira, eso sí, dolorosa. Además, a pesar de que era un tipo fornido y grande, sus lesiones me daban alguna ventaja pugilística en caso que la cosa se pusiera fea.

Que le puedo decir doctor, el dolor me pone tenso y amargado. Soy otro, me transformo en un energúmeno y grito y pataleo. Su secretaria no tiene la culpa, aunque tiene que admitir que es un poco lenta, se cruzó en el camino cuando una crisis de rodilla me atacaba. Claro que le he pedido disculpas y las ha aceptado, por favor doctor quíteme este insano dolor. Después de la inyección y cuando ya no sentía las rodillas el galeno me obligó a esperar en la sala de la (des)espera, habían dos personas que sí tenían cita y habían llegado a la hora: el valiente muletero y una mujer muy hermosa de indescifrable edad. Así que decidí quedarme. La mujer, que podría tener entre 25 y 55 años, en su camino al consultorio, paso a mi costado ignorándome por completo, ignorando además la mirada de enfermo que gratuitamente le regalé impulsado, claro está, por los primeros, y mejores, momentos del analgésico. Me arrepentí por completo haber contestado al saludo del muletero valiente. Tenía veinte minutos hablando del accidente que lo obligaba a visitar al traumatólogo todas las semanas. Así es hermano, yo he comprendido de la peor manera, por eso el consejo que te doy es que nunca manejes sampao, el trago y los carros son enemigos cuñadito, me he podido matar compadre y eso que solo me tome 7 chelas. No se callaba ni para respirar, en ese momento lamenté no tener una botella de pisco y un ferrari. Se los hubiera regalado gustoso a mi interlocutor.

El primer quejido sonó seco y contundente, puntegesiano si alguien me pediría resumirlo en una palabra. Después de una pausa breve empezó una cadena de aullidos que se intercalaban con gemidos distorsionados por la pasión y el deseo. El muletero y yo nos miramos con cara de sorpresa pero no dijimos nada, la secretaria, que parecía acostumbrada, no movió un dedo a pesar de que solo una puerta nos distanciaba de un bacanal acertadamente sazonado por uno que otro golpe que redondeaba la faena. Indefinibles fueron los 20 minutos siguientes, además de envidiables. Parecía que el traumatólogo era además ginecólogo por vocación. Y cuando el polvo terminó ahogado en un larguísimo grito final… la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

La mujer salió del consultorio y caminó directo a la puerta de salida. Pude recién comprobar que tenía más de 40 pero que su sonrisa, que se prolongaba de una oreja a la otra, era de una veinteañera.

8 may 2008

El sueño de El Abogado.

Si pues aquí se escribe lo que se sueña y se sueña en no escribir sobre abogados. Algunas veces uno que otro juega sus fichas tan desdeñablemente bien, que es imposible soñar que uno no lleva el código penal por almohada. Los sueños con viruela del abogado a continuación, le achinan los ojos de vergüenza.


Sueño 1.
Los documentos que exhibe el señor fiscal son falsos de toda falsedad genérica, pero bien en el fondo son recalcitrantemente fidedignos. Con estas palabras el abogado defensor pareciera que hace pensar hasta al soñoliento juez. Son falsos, continúa, porque parecen incriminar a mi defendido, pero son verdaderos porque la mano negra de la falsificación no los ha tocado, es decir son precisos pero huérfanos de verdad, señor juez. Cruza la sala con paso elegante, se para frente al magistrado, busca sus ojos, los atrapa en un fulminante contacto visual y prosigue: estos documentos a pesar de provenir de los archivos de este mismo poder judicial parecieran ser dueños de un espacio privilegiado dentro de un proceso kafkiano. Son ilegales ante los ojos de la razón y la conciencia, pero legibles y ciertos ante los del hombre, señor juez. Estos documentos que tengo en la mano son insoportables para una defensa como la mía, ceñida a la verdad por juramentos certificados por el colegio de abogados, y así son verídicos. Pero, felizmente para esta sala, esta discusión no se basa en estos documentos, más en la mentira depositada en cada verdad de sus palabras ordenadas, una a una, con enorme responsabilidad, remata el abogado. Vuelve a su sitio donde la mano estilizada de su asistente le alcanza otro expediente. Lo toma como si pesara, lo abre en la página marcada, mira a su defendido y dice: estos papeles son más que papeles, son injurias demenciales de la realidad, son momentos y tiempos que pasaron pero que viven en la memoria colectiva, son celestiales demostraciones de justicias pasadas, son insultos a la calumnia de este juicio, son manotazos de ahogado del mar muerto, pero sobre todo evidencian y prueban que este humilde abogado no sirve para nada más que para servirse. Los flashes salen despedidos de las cámaras de los fotógrafos mientras el abogado y su defendido asoman por la puerta grande del Juzgado, esa que da a la libertad.

28 abr 2008

SEGÚN TALÍA

Según Talía esta huevada de tener un blogg es adictiva. Cigarrito más, cigarrito menos encuentro un tiempo para escribir. Primero en Word, después copy and paste a la oscura página del diablogordo. Y claro, escribo en Word para que se me corrijan las palabras porque Talía me para dando lecciones ortográficas. Y una Lucky strike rojo, si cajetilla grande, ¿pero le puedo pagar con cocos tío? ¿cocos? Dólares pe tío. El señor de la bodega pone cara de perro, pero atraca. Me paga una mierda por coco y luego de los cigarros, los chicles, la palta, el pan de molde, el limón y las papitas, mi imponente billete de veinte US Dollars, queda reducido a un puñado de viejas monedas. Salgo de bodega, cruzo la calle y camino hacia mi casa. Pasa un bus que tiene un ciclista enganchado, por voluntad propia, al parachoques. Lo que no sabe el cilcista, porque no es vecino de la zona, es que el puto alcalde del distrito ha puesto un monumental rompemuelle hace apenas dos días. Claro que se sacó la mierda. Como Talía tiene razón, corrígeme si me equivoco y toca tu puchito, hay un conato de poema a continuación.






Poema 1

Pum, carajo… Que sacada de mierda se acaba de meter el tipo que iba en bicicleta agarrado a ese enorme y viejo bus. Contrasuelazo seco y contundente, demoledor, rompe mandíbulas y, tranquilamente, necesario para poner toda su humanidad en horizontal sobre una camilla de sábanas blancas con ruedas multidireccionales. Camino del hospital y asesorado por los más disímiles consejos de los bomberos, primeros en llegar a la escena del autocrimen, ¿que sabrán los rojos y anaranjados bomberos de caídas de bicicletas?, pirómanos monumentales con voluntarias (solo en mi país) insignias y escaleras telescópicas arrepentidas de ir subiendo. Tan solo de chofer, hacen las veces, manchando de rojo el rojo camión con la amoratada sangre del atontado y funesto ciclista. Funesta es además la sirena que corcovea el viento y que calla cuando se avistan los celestes hospitales en la pupila del herido roedor de dos ruedas. Sin airbags las bicicletas están condenadas al exilio del olvido, sin pasaje de regreso, ni trabajo en embajadas extranjeras cuando se acaben las dictaduras de las máquinas.